The Descendants, maravillosa

Imagen Fox Pictures

Los descencientes, la última película de Alexander Payne es una maravilla. Buscando opiniones y críticas en la red me he topado con una reflexión que resume a la perfeción Los decendientes:

Sí, ya sé que vamos al cine para entretenernos. Pero cuidado porque también podemos disfrutar y emocionarnos a la vez. Todo es perfectamente combinable si la película dispone. Los hay que sólo entienden la diversión a través de la sonrisa, olvidándose del gozo que suponen el nudo en la garganta, el golpe seco al estómago, el jarro de agua fría y la lágrima a punto del desborde. Peor para ellos.

En estos tiempos donde el negocio sin escrúpulos convierte en descafeinado casi todo lo que toca (incluido el cine) hay que abrazarse al milagro de la existencia de unos pocos directores que todavía conservan intacta la capacidad de emocionarnos mientras nos restriegan en la cara lo miserables que podemos llegar a ser como individuos.

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En resumidas cuentas: hay que reivindicar a Alexander Payne. Sí, sí, el director de la colosal ‘Sideways’ (‘Entre Copas’). El mundo lo necesita para ser un poquito mejor o un poquito menos malo. Su nueva película, ‘THE DESCENDANTS’ (‘LOS DESCENDIENTES’), es otra gozada y de las grandes. Es un lujo poder disfrutarla y no debería haber razones para perdérsela.

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Payne sabe cuánto ayuda al ser humano la desmitificación. No sólo de un lugar (en este caso Hawai) sino también de la verdad, la unidad familiar, el amor eterno y la importancia del perdón. Inventos de una moral que nos invade y ata al suelo con cadenas irrompibles.

La vida, que debería nutrirse de la libertad que aportan los matices, tiende cada vez más a hacerse presa de la pobre elección entre el norte y el sur, el blanco y el negro, la izquierda y la derecha, el sí y el no. El protagonista de ‘The Descendants’ corre detrás de algo parecido a la verdad esperando encontrar sentido o salida a la situación cruel y retorcida que le toca vivir. No hay oxígeno suficiente para dar el aliento necesario hasta la meta.

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George Clooney, que se enfrenta probablemente al mejor papel de su carrera, está inmenso. Para matrícula de honor. Se exhibe más desnudo que nunca (no literalmente, cálmense las fieras) y sigue mostrándose como uno de los actores más solventes del panorama contemporáneo.

Payne es un magnífico sastre para los desastres porque hila la amargura con la destreza de quien la ha sufrido en sus propias carnes. Y si no es así lo disimula de maravilla. Además sabe cómo hacernos reír contra la propia definición de nosotros mismos: kamikazes que se enamoran sin rumbo, remedio ni compasión.”

SI, Los Descendientes es una gran película. No sólo las numerosas nominaciones a los Oscar, Bafta o Globos de Oro corroboran la grandeza de esta película, sino también el público. Un público que queda ensimismado y conmovido.

Fuentes: Filmaffinity y elaboración propia.

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