Las ilusiones perdidas, de Honoré de Balzac

Le veo que entra en el mundo literario y del periodismo lleno de ilusiones. Cree en la amistad. Aquí todos somos amigos o enemigos según las circunstancias. Somos los primeros en herirnos con el arma que sólo debería servirnos para herir a los demás. No tardará en darse cuenta de que no logrará nada con los buenos sentimientos. Si es bueno, hágase malo. Muéstrese arisco aunque no sea más que por conveniencia. Si nadie le ha revelado aún esta ley suprema, se la hago saber yo y no es una confidencia baladí. Para ser amado, no deje nunca sin haberla hecho llorar un poco; para tener éxito en la literatura, hiera siempre a todo el mundo, incluso a sus amigos, haga llorar al amor propio ajeno: todo el mundo se mostrará amable con usted”

Las ilusiones perdidas Fuente: http://www.lecturasdeekaitz.blogspot.com

Fragmentos como este abundan en la segunda parte de Las ilusiones perdidas: Un gran hombre de provincias en París. En ella, Honoré de Balzac narra las desventuras del joven Lucien Chardon de Rubempré, un poeta procedente de Angulema que llega a París para triunfar en el mundo literario. Allí siente como su noble amante le abandona por su origen humilde (es hijo de un boticario y una marquesa que pierde su apellido por tenerle) y empieza a ver los desengaños que le esperan en la ciudad de las luces. Se adentra en el mundo editorial que le despedaza, y comienza sus andanzas como periodista, en las que caerá preso de su ambición y la falsedad de los que creían ser sus amigos. La vida fácil y los placeres de su nueva vida harán que se arrastre sin remedio hacia un pozo de autodestrucción.

Las ilusiones perdidas es una magnífica novela costumbrista de Honoré Balzac. En ella retrata con todo lujo de detalles el ambiente en el que se mueve el protagonista y el carácter de todos los personajes: su ansia de venganza, de poder y el doble maquillaje de la política de aquella época.

Ésta es la segunda parte de la trilogía, la parte central, enmarcada entre Los dos poetas y Eva y David. En mi opinión, es una novela que está completamente de actualidad: podemos ver en el joven poeta el ejemplo de inocente desengañado con el mundo, que ve ante sí un mundo de posibilidades y al que se enfrenta con arrojo, pero cuya ambición y éxito fácil acaba por consumirle. Debería ser lectura obligatoria para todos los literatos y periodistas.

Como curiosidad, el diario El País publicó el mes pasado un artículo homónimo que puede refutar ese paralelismo entre el París de finales del XIX que dibuja Balzac y el  mundo en el que vivimos ahora.

Fuente: elaboración propia.

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