El cuadro de la semana: Los amantes, de René Magritte

Los amantes, de R. Magritte (1928) Fuente: http://www.revistaatticus.es

Esta semana hemos escogido Los amantes, de René Magritte, óleo sobre lienzo pintado en 1928 y perteneciente a una colección particular.

En este caso, vemos una metáfora sobre la imposibilidad del encuentro entre dos amantes, que intentan besarse pero la tela que cubre sus rostros se lo impide. Este es un ejemplo de cuadro surrealista, al no tener un significado entendible a primera vista para nuestra razón. Magritte invita así a sus seguidores a realizar una lectura más profunda de su obra, a pararse ante el cuadro para que el espectador se dé cuenta de su significado.

La luz vuelve a ser importante, degrada los tonos y ayuda a la configuración de la escena. Se ve fundamentalmente en el paño blanco que les cubre la cabeza y en el trato de la piel del hombro de la mujer. Muchos expertos han querido ver en el tratamiento del paño una reminiscencia del cadáver de la madre de Magritte, que murió ahogada unos años antes de que pintase este cuadro.
En cuanto al color, contrapone sabiamente tonos azules y rojos (vestido rojo – fondo azul – fondo rojo), y también combina el negro del traje con el blanco de la capucha. El rojo sirve para romper la frialdad de los tonos, y el fondo azul para dar una atmósfera más sobria y alejada del espectador, casi paisajística. Esos tonos del fondo dan más profundidad al cuadro, y hacen que la luz se vea como un elemento más importante que en otras tendencias de la pintura anterior y contemporánea.

El surrealismo se nota, como en literatura, en la imaginación del cuadro, sin lazos racionales e incluso contradictorios:

René Magritte (1898-1967)

Simboliza la pasión en un beso imposible entre dos bocas que se buscan sin encontrarse. Hay influencias del Dadaísmo, pero Magritte lo interpreta a la inversa, queriendo recuperar el arte destruido, más positivo.

Es un tema aislado, sin importancia, pero provocador, rebelde, imaginativo, una visión nueva de un tema amoroso. Se ve perfección técnica, algo que no era muy abundante en las vanguardias anteriores.  Llama también la atención que en este caso se trate de una pintura más realista que de costumbre, pero que deja en el espectador un desconcierto que es la raíz de su surrealismo, una especie de contradicción subconsciente. Sí, se trata de un cuadro de amor, pero  absolutamente imposible.

 

Fuente: elaboración propia.

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